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GRASAS TRANS: FRENO A LA AMENAZA
INVISIBLE
Diario PUBLICO - Mayo
2010
Las compañías
de alimentación empiezan a abandonar el uso
de este tipo de aceites procesados de manera artificial,
ante las evidencias de los daños que causa
a la salud.
El mayor enemigo nutricional para
la salud cardiovascular no es el exceso de calorías,
sino un tipo de grasas, las trans, que se emplea con
mucha frecuencia en alimentos preparados. Si tan sólo
un 2% de la grasa total que consume un individuo provee
de este tipo de grasas, su riesgo de padecer enfermedad
cardiovascular aumentará un 23%. Según
un estudio de la prestigiosa NEJM, las grasas trans
no sólo disminuyen el colesterol bueno y aumentan
el malo; además, promueven la inflamación
sobre todo en obesos y, según un multitudinario
estudio, elevan la incidencia de la diabetes. Sin
embargo, y a pesar de los riesgos que supone para
la salud, este producto no sólo no está
prohibido, sino que es muy difícil de evitar
para el ciudadano ya que su nombre no está
impreso en prácticamente ninguna de las etiquetas
nutricionales que acompañan a la mayoría
de los productos.
Ante esta situación, algunos gobiernos Dinamarca
fue el primero han decidido, directamente, prohibir
estas grasas por el riesgo que provocan a la salud.
En España, además, ciertas empresas
la última, la cadena de supermercados Eroski
han optado por no elaborar sus productos con este
tipo de grasas, o hacerlo con un contenido mínimo.
Existen nuevas tecnologías que permiten evitar
estos productos.
Todas las compañías que han optado
por políticas de este tipo tienen en común
que lo han hecho solas, sin ningún requerimiento
por parte de las autoridades sanitarias, a pesar de
que la Organización Mundial de la Salud ha
abogado por la reducción del consumo de grasas
trans.
El investigador del Instituto de la Grasa (CSIC)
Manuel León explica que existen "nuevas
tecnologías en la fabricación de grasas
plásticas", mediante las que
se cambian las propiedades físicas de las grasas.
Así se consigue el mismo efecto que con el
proceso que lleva a la fabricación de grasas
trans. Este procedimiento se denomina "hidrogenización
parcial", y su principal objetivo es convertir
las grasas líquidas vegetales en un elemento
más sólido, que dota a los alimentos
industriales de su firmeza característica y
que, además, hace que se mantengan frescos
más tiempo.
Algunos países sí han optado por obligar
a la disminución hasta cantidades prácticamente
imperceptibles de estas grasas. En Europa, Dinamarca
fue pionera, al prohibir en 2004 que ningún
alimento tuviera más de un 2% de este tipo
de grasa, medida que fue acompañada por la
obligatoriedad de etiquetar todos los alimentos con
respecto a sus contenidos en grasas trans. En esa
época, antes de que algunos Estados de EEUU
decidieran seguir la misma tendencia, los productos
de cadenas de comida rápida estaban cocinados
de forma distinta en el país nórdico
que en su lugar de origen. Años después,
y también por autorregulación, los principales
restaurantes de fast food decidieron rebajar el contenido
de grasas trans en los aceites que utilizan para freír
sus alimentos.
Como la europea, la legislación española
no regula en la actualidad la presencia de estas grasas
en adultos, aunque sí lo hace en niños.
La estrategia NAOS, que puso en marcha la Agencia
Española de Seguridad Alimentaria (AESAN) en
la pasada legislatura, pide a los fabricantes que
utilicen grasa "con una baja proporción
de ácidos grasos trans" en la elaboración
de productos destinados a niños menores de
12 años. También predica la ausencia
de este tipo de aceites en los comedores escolares,
aunque no hay medidas legislativas asociadas a la
recomendación. De nuevo, parece que
la autorregulación es la que manda.
"Nos preocupan especialmente los niños
obesos", explica el responsable de la Unidad
de Lípidos del Hospital Clínic de Barcelona
Emili Ros. Este experto considera que la mejor forma
e evitar las grasas trans es "comer cocina
de mercado" y evitar alimentos como las galletas
o las patatas fritas, "excepto si están
fritas con aceite de oliva".
Ros reconoce que una política que prohibiera
el uso de grasas trans "estaría bien desde
el punto de vista de la salud". Precisamente
la limitación legal de este producto es uno
de los pilares del ante-proyecto de Ley de Seguridad
Alimentaria y Nutrición que, según fuentes
de la AESAN, podría entrar en vigor en el primer
trimestre de 2011.
"Habida cuenta que está demostrada la
relación entre el contenido de ácidos
grasos trans en los alimentos y la salud, la ley establece
una limitación de su contenido", reza
el texto, que tendrá que ser aprobado por los
grupos. "No obstante, esta obligación,
lógicamente, dispondrá de un periodo
transitorio lo suficientemente amplio como para permitir
que los operadores económicos puedan adaptar
su producción", continúa. El proyecto
de ley establece que el contenido en ácidos
grasos trans de los aceites y materias grasas que
se destinen a la alimentación humana no excederá
de 2 gramos por cada 100 de aceite o materia grasa
y deja la puerta abierta, además, a una futura
limitación mayor, "atendiendo a la evolución
de los conocimientos científicos y tecnológicos
en la materia".
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